Mi experiencia WWOOFing en Japón

Voluntariado WWOOFing en Japón

Cuando decidí venir a Japón a hacer WWOOFing (voluntariado en granjas orgánicas), lo primero que hice fue buscar sobre experiencias personales en internet. Había hecho este voluntariado unos años atrás en Francia y como mi última experiencia ahí no fue buena, me interesaba saber con qué me iba a encontrar esta vez. Leí muy pocas cosas, así que decidí escribir sobre esto, para sumar testimonios a la red y que sepan un poco de que se trata hacer WWOOFing en Japón.

Hacer un voluntariado en Japón es una buena idea porque es un país caro para recorrerlo todo, pero es chiquito, por lo tanto si vas trabajando en el camino, probablemente logres conocerlo más a fondo sin gastar tanta plata. Aparte si tenés pasaporte Argentino, en Japón te dan 90 días de visita de turismo sin pagar nada, cosa que no pasa en otros países de Asia, donde te dan, por ejemplo, 15 días, muy poco tiempo para hacer un voluntariado.

De todas maneras, WWOOFing puede hacerse en cualquier país, desde la web www.wwoof.net podés ver la lista de países y todos los requisitos. Es una experiencia que recomiendo hacerla aunque sea una vez en la vida, pero no todo es color de rosa, y en este post les voy a contar, tanto lo bueno como lo malo de viajar trabajando a cambio de alojamiento y comida, en granjas en Japón.

 

Mi experiencia con WWOOFing en Japón

Mi primera idea antes de llegar a Tokio, era conseguir trabajo en alguna granja cercana de la ciudad, para poder aprovechar los días libres en ella. Esto es un tanto difícil, porque generalmente estas granjas son las más solicitadas y a veces ni siquiera responden los mensajes. Esto es algo importante, hay que solicitar estancia con dos semanas de anticipación, porque tardan mucho en responder, si es que lo hacen. A mí la mayoría ni siquiera me respondió, y ahí tenés que volver a escribir a otra granja, y los días se van pasando… hay que ser organizado.

WWOOFing en Japón – Yamanashi

El primer lugar al que llegué en la Prefectura de Yamanashi, para mi sorpresa, no era una granja. Obviamente había ido ahí porque las actividades que enumeraban en su perfil me habían gustado, todas relacionadas con el trabajo rural, pero finalmente no eran reales o quizás no era la temporada. No me explicaron como era la agenda diaria de primera, solo me dijeron el horario al que saldríamos la mañana siguiente, así que me enteré esa misma mañana que el trabajo consistía en limpiar las dos «GuestHouses» (casas en alquiler temporario de un día o fin de semana) que manejaba la familia. Si bien no es el tipo de trabajo que uno espera realizar en WWOOFing, la familia trabajó a la par nuestra, había otro voluntario francés, y éramos en general, toda gente joven viviendo en la misma casa. La energía era muy linda, ellos fueron muy generosos, cocinamos comidas diferentes cada día, tomamos cerveza, miramos películas, y tuvimos buenas charlas que me hicieron sentir que era un verdadero intercambio cultural. Ahí me quedé aproximadamente 17 días.

WWOOFing en Japón – Hirakata

Mi segunda experiencia empezó con el pie izquierdo. Me aceptaron una solicitud en Hirakata, en la Prefectura de Osaka. Me había gustado el lugar porque quedaba cerca de las ciudades más turísticas: Kioto, Osaka y Nara, y porque era una granja 100% orgánica. Como agosto es mes de vacaciones en Japón, el único ticket de bus que pude sacar fue nocturno, por lo tanto, llegaba a Kioto a las 6 de la mañana. El host me dijo que era imposible recibirme a esa hora, porque el trabajo en la granja comenzaba 6 y media, que podría buscarme por la estación más cercana a la casa recién a las 19hs. Así que perdí 12 horas de mi vida haciendo tiempo en Kioto, sin haber casi dormido en todo el viaje, porque un tipo no se dignó a tomarse 10 minutos de su día para recibir a una persona que se vino desde el otro lado del mundo a trabajar gratis.

Cuando finalmente nos encontramos, no me dijo ni siquiera «hola», me abrió el baúl del auto con mala cara para que ponga la mochila y nos fuimos a la casa que quedaba literalmente a dos cuadras. Lo bueno del lugar era que nos daban todo el fin de semana libre, cosa que no suele suceder, al menos en Japón, porque se trabaja también sábados y domingos. Pero a cambio de eso, teníamos que trabajar una hora más cada día. O sea que, trabajamos por la mañana 6 horas (las actividades en el campo fueron bastante pesadas) y a la noche los wwofers preparábamos la cena. Eramos yo y otro chico de Estados Unidos.

Me quedé ahí 3 semanas porque me pareció conveniente el tiempo libre que tenía para continuar mi trabajo de diseñadora por las tardes y fines de semana. Pero no fue un verdadero intercambio, comimos lo mismo durante todo ese tiempo, generalmente fideos con algo más, porque no tenía nada en la heladera, ni siquiera verduras de su granja. El trabajo no fue divertido o al menos yo no aprendí grandes cosas, y tuve que soportar que él siempre esté de mal humor y no tuviera paciencia con nada. Tampoco pude hacer ningún paseo turístico, porque llovió la mayoría del tiempo. El día que me fui también llovía, y como no se ofreció a llevarme a la parada del bus, me tuve que ir sola caminando abajo de la lluvia. Ésta fue mi peor experiencia en WWOOFing en Japón, pero por suerte la única.

Estuve una semana buscando un lugar nuevo, pero nadie me respondía, así que les escribí a los directivos de la plataforma pidiéndoles ayuda. Me dieron el contacto de una granja donde estaban buscando gente, y por suerte, para atenuar el mal trago que había pasado, caí en la que sería una de las experiencias más lindas que viví en Japón.

WWOOFing en Japón – Shimomomi / Okayama

Esta tercera granja estaba ubicada al norte de la Prefectura de Okayama, en un pueblito entre montañas y bosques, que se llama Shimomomi. Nadie en la familia hablaba inglés, sólo el padre apenas un poco, pero nos hicimos entender entre señas, sonrisas y Google Traslate. La mayor parte del tiempo armamos ramos de flores para vender en el mercado, y también hacíamos packing de berenjenas y pepinos, era un trabajo fácil y divertido.

Me enseñaron muchas cosas, se tomaron el tiempo para explicarme todo, fueron super pacientes, me llevaron a pasear, a comer afuera, prepararon comidas típicas riquísimas cada día, me presentaron a casi todo el pueblo, hasta me sacaron fotos con las chicas del servicio postal como si yo fuese una especie de rock star. Nos reímos mucho y me hicieron sentir parte de la familia, fue una experiencia increíble. Tuve el tiempo suficiente para trabajar en lo mío, y no tuve día libre porque fueron solamente 10 días de voluntariado. Y aunque me hubiera gustado tenerlo, no me importó porque lo pasábamos muy bien trabajando juntos. Puedo decir que esta fue la experiencia de WWOOFing más real que tuve hasta el día de hoy. La despedida fue la más triste de todo el viaje y todavía los extraño.

WWOOFing en Japón – Etajima

El siguiente lugar adonde fui, era una isla frente a Hiroshima, llamada Etajima. Me recibieron por una semana, una pareja adulta de japoneses que vivían con su perrito Ohana y con un gatito que se llamaba Puchan. Ellos solo tenían un pequeño jardín, y precisaban ayuda con algunas cosas simples. El mismo sábado que llegué me llevaron a un evento que se realizaba en el pueblo, donde todos llevaban comida y artesanías y había música en vivo, me presentaron a muchas personas y también nos divertimos. Esa semana hicimos un paseo por la playa, vimos un atardecer precioso y recogimos palos de madera, con los que armé todo el cerco del jardín. Fue un estancia muy tranquila, ellos eran personas muy especiales con las que pude conectar de una manera especial, y hablamos de cosas muy interesantes. Me dejaron cocinarles canelones, que creo fueron un éxito, y me llevaron a comer okonomiyaki, uno de los platos más famosos de Hiroshima. Fue una de las semanas más lindas en Japón.

WWOOFing en Japón – Suo-Oshima

Como tenía tiempo antes que saliera mi vuelo desde Hiroshima, me fui a un último lugar en otra isla que se llama Suo-Oshima, un poco más al sur. Esta vez me tocó una familia con hijos, una gran oportunidad para interactuar con niños japoneses, que hasta ahora no había podido tener. De hecho me llevaron a su colegio, una escuela rural con educación alternativa, donde compartimos todo un día de juegos, charlas, y aunque los chicos no hablaban inglés, no hizo falta ningún idioma en común más que la risa. Trabajé con esta familia durante 10 días haciendo la cosecha de arroz orgánico de la temporada, algo que nunca había hecho en mi vida, y gracias a esto, aprendí a comerme hasta el último grano de arroz del plato, porque ahora puedo reconocer su verdadero valor.

Para hacer WWOOFing en Japón, uno tiene que estar dispuesto a adaptarse. A los horarios de cada familia, a sus formas, a sus comidas y a sus horas de descanso. A veces el alimento del día no será muy variado, y lo mismo que cenaste lo vas a desayunar. El arroz definitivamente va a ser el plato principal en todo momento y te vas a cansar, algunas mañanas vas a desear despertarte más tarde, o descansar un domingo. Nadie va a ir a buscarte adonde estés, y siempre te van a pedir que te acerques al lugar más cercano a la casa, la comodidad en WWOOFing no existe. Algunos granjeros no se dan cuenta el esfuerzo que supone venirse desde tan lejos sólo para darles una mano, y aunque vos sepas el dinero que gastaste en llegar, tanto al país, como a su casa, ellos pueden pensar que de todas maneras sólo estás ahí por un plato de comida y un lugar donde dormir. Pero así y todo, vas a encontrarte con diferentes tipos de personas, y cada una va a dejarte algo de lo que aprender.

Aprender a adaptarse y adaptarse para aprender.

Formar parte de una cultura tan distinta durante este tiempo, me hace replantearme cosas constantemente. No sólo aprendí a cosechar calabazas, también aprendí a sembrar la confianza, la paciencia. Pude ver de cerca y desde adentro como vive una familia en Japón, cuales son sus preocupaciones, sus metas, sus sueños, de donde vienen, cuál fue su pasado y hacia donde van. Pude enseñarles también sobre mi país, mi historia, mi viaje, y así, aunque hayamos crecido en dos puntas diferentes del mundo, con conceptos y visiones totalmente diferentes de la vida, por un rato Japón y Argentina se fusionaron a través de esta experiencia y el mundo hoy es un lugar más chiquito.

Los momentos compartidos con cada uno de ellos, es un tesoro que voy a recordar por siempre.

Espero que esta info te sirva para  animarte algún día también a vivir esta increíble experiencia de WWOOFing en Japón.

 


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4 comentarios
  • Mariana
    Publicado en octubre 23, 2018 a 4:37 pm

    Que hermoso relato! Que gran experiencia! Te felicito. Sos una gran persona.

    Respuesta
    • Byakko
      Publicado en octubre 24, 2018 a 1:43 am

      Gracias!!!

      Respuesta
  • Diego
    Publicado en octubre 23, 2018 a 9:11 pm

    Te felicito, excelente experiencia! Muchas gracias por compartir tus vivencias!

    Respuesta
    • Byakko
      Publicado en octubre 24, 2018 a 1:43 am

      Muchas gracias!!

      Respuesta

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