¡Me fui a vivir a Japón! x Laura de Nipponismo

¡Me fui a vivir a Japón!

Y no diré que fue fácil tomar la decisión, ni tampoco enfrentarme a mis deseos. Pero lo hice. Y, visto desde la distancia, pienso que el camino me ha dado las herramientas que buscaba para crecer. Pero, por supuesto, esto es algo que antes no podía ni tan solo imaginar.

Salir de la zona de confort no es fácil. Porque vienen esos miedos que siempre están y que nos persiguen. Pero… ¿y qué hay de malo en tener miedo? ¿Acaso el miedo no nos ha hecho convertirnos en la persona que somos ahora? Rechazamos el miedo por instinto, cuando en realidad deberíamos abrazarlo, darle la mano y avanzar juntos. Porque el miedo tiene muchas formas. Lleva un disfraz. Y, como todos los disfraces, se puede cambiar.

Yo no quería salir de mi zona de confort. Siempre quise pasar alguna temporada fuera de mi país y me planteé vivir un tiempo en Alemania y en Italia, pero aunque tuve la oportunidad varias veces nunca me atreví.

Soy de Barcelona, una ciudad costera que me vuelve loca. Estudié Traducción e Interpretación de idiomas, en concreto de alemán e inglés, y Mediación Lingüística, pues siempre me han gustado las lenguas y las culturas. Desde pequeña quería siempre conocer otras maneras diferentes de pensar, de vivir; me movía mucho el análisis de la antropología cultural y la lingüística, la lengua como herramienta de comunicación, siempre vinculada a la idiosincracia de la cultura que nos ha abrazado al crecer.

Después de estudiar varios idiomas, sin plantearlo ni esperármelo me topé con el japonés. Yo daba clases de español para extranjeros de varias nacionalidades, pero sobre todo para japoneses. Conocí a varias personas nacidas en Japón, ese país que en aquel entonces me resultaba tan diferente y tan enigmático. Aprendí de mis alumnos tanto como yo les pretendía enseñar a ellos.

Ya no había vuelta atrás. Sin saberlo estaba conociendo aspectos que me marcarían para siempre. De la mano de mis alumnos japoneses conocí un poco sobre las comidas, las fiestas, los vestidos, el carácter y algunas de las principales diferencias entre mi país y el suyo. Y quería más. Así que investigué lo que pude sobre la historia, tradiciones y varios aspectos culturales de Japón. Y me atrapó.

Decidí ponerme a estudiar un poquito de japonés y viajar a Japón. Y me atrapó, de nuevo.

Aun así no podía salir de mi zona de confort. Viajé varias veces a Japón en busca de respuestas. ¿Sería yo capaz algún día de profundizar hasta el punto de sumergirme en un mundo contrario al mío?

Sí, lo sería, pero yo todavía no podía saberlo. Es curioso ver cómo pensamos que la vida nos va llevando por caminos inesperados, cuando en realidad somos nosotros los que abrimos el camino, siguiendo nuestros pasos, sin prestar demasiada atención a nuestro recorrido que, de hecho, nos lleva siempre a algún sitio.

Recuerdo el día que tomé la decisión. Fue en uno de mis viajes a Japón. Desde una terraza contemplaba la ciudad de Tokio de noche, iluminada, y sentí algo. Entendí que de una vez por todas debía coger de la mano ese miedo y cambiarle el disfraz. Si tenía que ir con miedos, iría.

Y así lo hice. Dejé todo: mi trabajo y mi vida anterior. Fui en búsqueda de conocer otra cultura y acabé conociéndome más a mí misma. Supe que en los límites es cuando uno más sabe enfrentar el miedo. Pasaron seis meses desde que tomé la decisión hasta que pude llenar las maletas y cambiar mi país. Y durante esos meses cuestioné mil veces mi decisión. Pero formaba parte del proceso de adaptación al cambio y de entender que estaba haciendo caso a mi corazón, y que esto a veces duele.

Ahora vivo en Tokio, una ciudad que me ha enseñado sobre el respeto y el valor de la comunidad por encima de la individualidad. La capital de un precioso país donde por sentirme analfabeta he tenido que aprender a leer y a escribir, donde el sentirse solo es muchas veces el pan de cada día, y donde el esfuerzo por la superación personal ha sido mi Biblia día tras día. No puedo ser más feliz de haber tomado esa decisión.

Japón tiene una cultura y tradiciones muy arraigadas. Tiene valores completamente distintos a los occidentales. Mil veces me he tenido que cuestionar quién soy y qué valores hay dentro de mí. La vergüenza, por ejemplo. Lo que yo nunca haría en mi país por vergüenza aquí en Japón muchas veces no es catalogado socialmente como vergonzoso. Y lo mismo al contrario, cuando muchas veces he visto cómo algunas personas pasaban vergüenza social al realizar algún tipo de acto que en mi cultura natal no habría sido catalogado como tal.

¿Somos quien decidimos ser o somos el producto de unos valores culturales impuestos de manera inconsciente? Tal vez se trate de separar entre los valores externos y los internos dentro de uno mismo. Ahí encontré yo la magia de vivir en el mundo y de descubrir que hay valores en otros lugares que pueden enseñarme un mundo nuevo. Japón para mí está siendo mucho más que un país de templos y una sociedad que mezcla la tradición con el más absoluto modernismo. Japón para mí es aprendizaje continuo.

 

Nipponismo

Desde hace un año, junto con Hira, mi alma gemela, mi compañera de este viaje llamado vida, enseñamos nuestro día a día en Instagram (@nipponismo) y en Youtube (Nipponismo Hira y Laura), desde donde mostramos nuestro Japón siempre con una sonrisa. También estamos trabajando en un bonito proyecto que saldrá a la luz en unos meses, basado en la difusión del idioma japonés y su cultura.

NIPPONISMO | Laura y Hira en Japón

Si pudiese dar algún consejo al aire sería que intentásemos escuchar nuestro corazón. Muchas veces ahí está la respuesta a nuestros deseos, que si queremos se pueden cumplir. Cualquier cambio se convierte en un aprendizaje.

 


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Un comentario
  • Mireia
    Publicado en febrero 13, 2020 a 3:59 pm

    Uauuu!!!
    Que bien te explicas.
    A seguir así!
    Bravoo.
    Saludos desde Barcelona.
    Mireia D.E

    Respuesta

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