Del conurbano al mundo: ¿cómo llegué hasta acá?

A un mes de cumplir los 19 años, en un arranque de rebeldía transicional hacia la adultez, me fui recorrer el norte argentino con un noviecito que tenía en aquella época. No teníamos mucha plata, pero sí una mochila, carpa y bolsas de dormir, que de hecho creo que era todo prestado.

Las ganas estaban ahí desde siempre, años atrás habíamos prometido con una amiga que cuando termináramos el colegio secundario nos ibamos a ir a Tucumán, vaya uno a saber por qué, creo que no importaba tanto la provincia como la idea de aventurarse lejos.

Y yo siempre fui buena cumpliendo metas.

Viajamos haciendo dedo, viviendo en carpa durante un mes y medio que en esa época y a esa edad, me había parecido una eternidad. Ese viaje me mostró una versión de la vida que nunca pude olvidar.

Volví a estudiar porque supe desde siempre que quería ser diseñadora gráfica. En casa nunca sobró nada pero lo que no faltó fue la constancia de mi vieja para que estudiáramos.

Crecí en El Palomar, un barrio de la zona oeste de Gran Buenos Aires. Fui a la universidad pública, que para los que no lo saben, es gratuita. La facultad me quedaba a dos horas de casa en transporte público y la mayoría de las clases del CBC (un año de materias introductorias) eran a las 7 de la mañana. Cuando empecé la carrera me anoté a la noche y llegaba a casa pasada las 12. Así viví durante los 7 años que tardé en egresarme.

En el medio trabajé en un puesto de diarios, locales de ropa, call center, y como animadora de fiestas infantiles donde también me hacían limpiar baños. Por fuera de la venta de diarios, que era un trabajo bastante tranquilo y que puedo decir que disfruté, nunca sentí que encajara en esas búsquedas donde solicitan perfiles genéricos «proactivos» y «con buenas relaciones interpersonales». La pasaba realmente mal.

Tres años antes de recibirme empecé de a poco a trabajar en diseño, haciendo cositas simples a gente conocida, hasta que encontré trabajo primero en una casa de fotografía y después en un estudio chiquito de diseño en Morón, donde me pagaban una miseria.

Sabía que mi plan era viajar por el mundo, lo supe desde mucho antes de ese viaje transformador al norte y esa caminata por el Disneyland de los hippies más conocido como el Cerro de los Siete Colores en Purmamarca. Ya había tenido hacía unos años, un sueño que fue más bien como un viaje astral, donde me veía a mí misma en un lugar que parecía Londres. Me obsesioné con esa ciudad pero, ¿cómo iba a hacer una piba como yo para llegar hasta ahí?.

No lo sabía con certeza, pero me metí a estudiar inglés en un instituto del barrio. No me habían mandando de chica y en el colegio me iba pésimo en esa materia, así que hasta los 23 años no supe absolutamente nada del idioma. Durante algunos años hice todo junto, trabajar, ir a la facultad y estudiar inglés.

A los 24 años, un año y medio antes de terminar la carrera y de hacer mi primer viaje fuera de Argentina, un hombre violó y asesinó a mi mejor amiga, y cuando dijo mejor amiga quiero decir una hermana, una persona con la que crecí, con la que compartí esos 24 años de vida. Enterré a una hermana de 25 años. Perdón por la crudeza de estas palabras, pero estoy cansada de meterle poesía y de hablar bajito sobre un suceso que marcó un antes y un después en mi vida. Y lo cuento también porque es parte de mi historia y que me hizo ser quién soy hoy. Al fin y al cabo esto es un blog personal.

Pocos entenderán que cuando la muerte te pega tan antes, tan joven y tan cerca, no hay manera de volver a ser lo que eras. Empezás a entender la vida de otra manera en muchos aspectos, y si tenés la suerte de contar con un colchón de gente que te ama y te sostiene, puede que transformes ese dolor en algo menos peor.

Yo lo transformé en fuerza, y quizás también haya sido el detonante para comprender de una vez y para siempre que la vida es una sola, que lo único que importa es el presente y que no tenemos nada, pero absolutamente nada que perder, porque tarde o temprano todos acabamos en el mismo lugar.

En enero del 2014, 15 días después de recibirme, tomé mi primer vuelo solita hacia Colombia. Mi meta era llegar hasta México con un presupuesto con el que hoy por hoy no saldría ni de mi casa. Tengo muchas anécdotas que contar sobre ese viaje, como los días en Costa Rica en los que viví a base de banana porque no tenía plata, pero quizás eso lo dejamos para otro posteo.

A pesar de las dificultades, llegué a México, pero volví a casa porque me esperaban otros obstáculos por enfrentar. Cuando llegué a Argentina toda mi vida estaba en cajas. Nos teníamos que mudar a la fuerza con mi vieja de la casa donde crecí y empezamos a alquilar juntas un departamento en Haedo.

Conseguí un trabajo temporario en un estudio de diseño en Recoleta que me quedaba a dos horas de casa, salía a las 6 de la mañana y volvía a las 9 de la noche, pero 10 meses después estaba aterrizando en España con mi computadora para empezar a esbozar lo que hoy se convertiría en mi modo de vida.

Europa fue de mucho Couchsurfing, Blablacar, casas de amigues, voluntariados, y comer una vez al día. Llegué a Londres y desde ese día supe que no había más nada que pudiera detenerme.

Tuve el privilegio un año después, de recibir algo de plata, un impulso, no mucho pero suficiente para barajar de nuevo. Me podría haber comprado un auto barato, eso es lo que hubiera hecho cualquiera. Pero yo lo invertí en este proyecto. Me compré una compu, consulté a una coach, armé mi marca, mi web y me compré un pasaje de avión.

Renuncié a mi trabajo de oficina, al salario fijo, y a las luces de colores de una ciudad que me tenía enceguecida con superficialidades. Rescindí antes de tiempo el contrato del departamento que alquilaba en Villa Crespo, y me deshice de la mayoría de las cosas que conformaban mi hogar.

Estaba clarísimo desde siempre lo que quería, nunca nada me frenó, ni los miedos propios, ni los ajenos, ni la plata, ni los mandatos. Tomé mi oportunidad siempre que la ví y trabajé por eso. «No fue magia» y no fue fácil, tampoco tenía que ser perfecto y estaba dispuesta (lo sigo estando) a que si algo no saliera bien, volvería a empezar una y otra vez como lo había hecho siempre.

Ya son casi 2 años que me jugué la vida entera por vivir de manera autogestiva con el diseño, mientras hago lo que más disfruto en este planeta que es estar en movimiento. Mi vieja me dice «hormiguita viajera», yo solo siento que soy una piba que un día tuvo un sueño y también tuvo el coraje de hacerlo realidad, a pesar de todo.

 


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4 comentarios
  • Laura
    Publicado en agosto 30, 2019 a 1:33 pm

    ….Pocos entenderán que cuando la muerte te pega tan antes, tan joven y tan cerca, no hay manera de volver a ser lo que eras. Empezás a entender la vida de otra manera en muchos aspectos, y si tenés la suerte de contar con un colchón de gente que te ama y te sostiene, puede que transformes ese dolor en algo menos peor…..
    No sabes como me identifico… paradojicamente las muertes que me golpearon .. ese dolor , me sirvio para sanar y encontrar mi lugar …
    Amo tus post … y amo tu valentia para no dejar escapar los sueños …

    Respuesta
    • Byakko
      Publicado en agosto 30, 2019 a 1:46 pm

      Gracias por tu comentario Laura! Es bueno saberse acompañado en este tipo de experiencias. Y es bueno también haber podido salir adelante, no? Una de las cosas que mas me sorprenden del ser humano es como se repone ante todo.. Gracias de nuevo por pasar <3

      Respuesta
  • Mariana
    Publicado en agosto 30, 2019 a 4:12 pm

    Sos tan especial, tan brillante, sos vos en todo tu esplendor…
    Cuanto hicimos juntas!! Gracias por enseñarme a ser mejor mamá.
    Te amo con el Alma, no sabes cuanto…

    Respuesta
    • Byakko
      Publicado en agosto 30, 2019 a 4:31 pm

      Gracias por dejarme comidita cada trasnochada de facultad jaja me encantó que crezcamos juntas, gracias por enseñarme a pelearle a la vida, gracias por todo!

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